Los antecedentes de adopción del blasón institucional se remontan al período posterior a la instauración de la República de Cuba, etapa en la cual la demarcación únicamente empleaba las insignias heráldicas correspondientes a su ciudad capital. Ante dicha situación legal, el Consejo Provincial resolvió convocar un proceso oficial de diseño y selección para dotar a la entidad de un símbolo corporativo propio de rango superior. La creación material y propuesta técnica del emblema definitivo fue encomendada de forma directa al pintor Esteban Valderrama. Tras la evaluación de las propuestas, el diseño definitivo de la pieza fue aprobado formalmente mediante dictamen institucional el 21 de enero de 1918.
Presenta una estructura compuesta por un contorno de estilo ibérico, redondeado en su base, cuyo campo principal se encuentra dividido de forma heráldica regular. En el plano superior se incorpora la representación física del Pan de Matanzas levantado sobre el fondo, flanqueado en su base por la delimitación anatómica de dos ríos que convergen hacia el frente. El sector central expone la figura de un castillo fortificado de piedra provisto de almenas, del cual se desprenden dos estructuras correspondientes a puentes que se extienden horizontalmente hacia los flancos laterales del campo. La sección inferior y base del conjunto muestra la superficie extendida del mar en sus tonalidades naturales fluidas. El contorno del escudo se asienta y afirma de manera directa sobre una estructura exterior correspondiente a un haz de unión republicana de plata, el cual actúa como eje de soporte vertical central. Dicho soporte se encuentra coronado en su remate extremo superior por una estrella de plata de cinco puntas que se eleva de forma exenta sobre el conjunto general. Como ornamentos exteriores complementarios, el escudo descansa sobre un fondo de pergamino púrpura enrollado en sus cuatro ángulos. Una cinta blanca entrelazada rodea los extremos conteniendo la inscripción grabada en letras mayúsculas con la grafía exacta "PRO-PATRIA". La cinta desciende hasta la base inferior y se amarra mediante un lazo apretado que unifica un ramo de olivos dispuesto a la izquierda y un ramo de cañas en flor colocado a la derecha.
El simbolismo del blasón remite directamente a los componentes morfológicos e hitos geográficos determinantes de la identidad regional. La elevación prominente del fondo representa de forma exacta al Pan de Matanzas como el principal accidente orográfico e indicador visual del territorio. Se representan los ríos Yumurí y San Juan, los cuales cruzan el ejido urbano y articulan el desarrollo físico de la zona. El castillo de piedra simboliza el Castillo de San Severino como baluarte histórico de defensa y consolidación institucional, mientras que los dos puentes laterales conmemoran la infraestructura vial característica que define la conectividad física de la comarca. El mar de la base representa las aguas de la bahía y el océano Atlántico que delimitan la costa norte y sostienen el intercambio mercantil y comercial del territorio. En los adornos periféricos institucionales, el haz de unión republicana o fasces ejerce una representación fáctica de la autoridad, la cohesión social y la indivisibilidad del Estado, mientras que la estrella de plata situada en su cúspide encarna la soberanía absoluta, la libertad y los ideales de la República independiente. La inscripción latina grabada se traduce textualmente como “Por la Patria”, manifestando el compromiso histórico y las luchas de los pobladores. El ramo de olivos simboliza de forma académica la paz y la gloria alcanzadas por la provincia, mientras que las ramas de cañas en flor reflejan la fertilidad agrícola local y la trascendencia del cultivo azucarero como eje productivo fundamental del territorio.