La fundación de este asentamiento se remonta formalmente al 2 de febrero de 1610, fecha en la que el bandeirante Domingos Fernandes y su yerno Cristóvão Diniz construyeron una pequeña capilla dedicada a Nuestra Señora de la Candelaria, hito que marcó el nacimiento de la villa tras recibir la ayuda de indígenas locales. Durante el siglo XVIII, el pueblo experimentó un notable auge económico gracias al cultivo de caña de azúcar y la producción de aguardiente, actividades que impulsaron la llegada de mano de obra esclava y consolidaron su estatus urbano. En el siglo XIX, se convirtió en un pilar fundamental de la agricultura del café y en el epicentro de los movimientos políticos nacionales que buscaban un cambio de régimen. De hecho, en el año 1873 la ciudad albergó la histórica convención nacional que sentó las bases institucionales para la posterior proclamación de la república en el país. El legado de los antiguos exploradores y la influencia de las corrientes migratorias europeas dejaron una huella imborrable en el patrimonio edificado que aún hoy define la identidad de este rincón paulista.
La historia de este pabellón municipal comenzó con el diseño original presentado en el proyecto del proceso legal por el ciudadano Archimedes Dutra. La normativa que oficializó formalmente esta insignia fue la ley número 990 dictada el 29 de diciembre de 1966. Dicha legislación cívica fue decretada de manera soberana por la cámara municipal y promulgada directamente por el alcalde João Machado de Medeiros Fonseca entrando en vigor ese mismo día.
Se presenta formalmente sobre un lienzo rectangular de proporciones clásicas con una relación de 9 x 13. Las características físicas contemplan un campo de fondo blanco que se encuentra dividido exactamente en su tercio por dos franjas de color azul que se cruzan entre sí de forma perpendicular. A los costados de estas líneas se ubica un friso o borde de color amarillo dorado que resalta visualmente en la superficie. En la intersección exacta de las dos franjas azules se posiciona una figura circular de color blanco cerrada por una línea de circunferencia que alberga justo en su centro la estructura del escudo de armas de la ciudad. Adicionalmente en las riberas de la franja horizontal se localizan un total de 3 estrellas de cinco puntas distribuidas estratégicamente.
El paño blanco del emblema representa la pureza y la serenidad de los habitantes de esta región. La franja horizontal azul representa al histórico río Tietê y la franja vertical del mismo tono simboliza a sus afluentes marcando por su disposición en el campo los cuadrantes de la patria unida e indivisible. El friso amarillo dorado que rodea los caudales resplandece como el espíritu ituano en sus duras luchas de conquista y colonización para el beneficio del país. El círculo blanco central traduce en sentido heráldico lo eterno y lo indestructible al ser el punto de irradiación de las acciones a lo largo de esos ríos. Las 3 estrellas que surgen en los márgenes representan las contribuciones perennes de la población en la formación del organismo nacional al recordar que la localidad fue cuna de los bandeirantes, semillero de figuras inmortales de nuestra historia y nido de artistas del más alto nivel espiritual dentro de las tradiciones del arte brasileño.