La bandera oficial de Colonia Caroya nació a partir de un proceso de participación ciudadana impulsado por las autoridades locales para dotar al municipio de una enseña propia. La iniciativa se formalizó mediante la sanción de la Ordenanza N° 1.842/14, a través de la cual el Concejo Deliberante convocó de manera abierta a un concurso público para el diseño del pabellón local. El jurado encargado de evaluar las propuestas seleccionó como ganadora la obra presentada por la docente Laura Udrizar. El nuevo símbolo fue adoptado e institucionalizado unánimemente bajo la Ordenanza N° 1.865/2015, dictada durante la sesión ordinaria celebrada el 10 de marzo de 2015. La presentación formal e izado inicial de la bandera se llevó a cabo el 15 de marzo de 2015 en la plaza Nicolás Avellaneda, en el marco de los actos oficiales de la comuna. La mencionada norma instituyó precisamente el 15 de marzo como el Día de la Bandera de Colonia Caroya, fijando la fecha en conmemoración de su estreno y en coincidencia con el aniversario del arribo del primer contingente de pioneros friulanos al norte cordobés.
En cuanto a sus características visuales, la enseña se estructura a partir de un paño rectangular que mantiene una proporción matemática simplificada de 2:3 en su relación de aspecto entre el ancho y el largo. El diseño está compuesto por un fondo de color rojo uniforme y pleno que se extiende de manera ininterrumpida por toda la superficie de la bandera. En el corazón geométrico del pabellón, ubicado de manera exacta en el centro del paño, se incorpora una figura heráldica central compuesta por una hoja de parra en sinople. Superpuesta a esta hoja, emerge de forma nítida la representación de una mano diestra humana orientada horizontalmente que sostiene con firmeza un racimo de uvas de tonalidad borravino con detalles oscuros.
La organización vexilológica y los componentes cromáticos del paño encierran un profundo significado vinculado a la identidad social, el sacrificio y la cultura caroyense. El fondo de color rojo uniforme simboliza la fuerza, la energía indomable y la fortaleza de los primeros colonos inmigrantes que forjaron la colonia con su labor diaria. En el centro, la hoja de parra en sinople y el racimo de uvas en tonalidad borravino representan de manera directa el fruto del esfuerzo agrario, el arraigo profundo a la tierra y el histórico desarrollo de la vitivinicultura como pilar económico, social y tradicional de la localidad. Finalmente, la mano humana que sostiene las uvas actúa como un homenaje explícito al trabajo artesanal, la dedicación del viticultor y la unión comunitaria de las generaciones que transformaron el paisaje productivo cordobés.