
La Provincia de Jujuy durante la época virreinal española estaba habitada por diversos pueblos indígenas como los ocloyas, quechuas, aimaras y jujuyes, quienes resistieron tanto el avance incaico como el español, siendo finalmente conquistados por estos últimos hacia 1470. La fundación de ciudades como Nieva y San Francisco de la Nueva Provincia de Álava tuvo lugar en el siglo XVI, pero fueron destruidas poco después, destacando la resistencia de los omaguacas y diaguitas en la guerra calchaquí. En 1593 se fundó San Salvador de Velasco, estableciendo la presencia española de manera permanente, y durante el siglo XVII la población fue creciendo lentamente con una mezcla de españoles, negros, mulatos, mestizos e indígenas. La región formó parte del virreinato del Perú hasta 1776, cuando se creó el virreinato del Río de la Plata. El 18 de noviembre de 1834, Jujuy y su área circundante proclamaron su autonomía provincial, separándose de Salta con un considerable retraso en comparación con otras provincias argentinas del siglo XIX. Bajo el liderazgo del teniente gobernador, coronel José María Fascio, se convocó a un cabildo abierto donde se consultó a la población sobre la independencia política de la ciudad y su territorio y, tras una respuesta afirmativa, se declaró la autonomía y Fascio fue designado como gobernador provisorio. Tras asegurar la autonomía mediante la Batalla de Castañares el 13 de diciembre de 1834, Fascio fue nombrado gobernador propietario el 27 de diciembre, renunciando el 25 de febrero de 1835. El 17 de diciembre de 1836 se produjo el reconocimiento oficial de la autonomía jujeña por parte de la Confederación Argentina. En 1943 se disolvió la Gobernación de los Andes, incorporando el departamento de Susques, y finalmente en 1986 se sancionó la constitución provincial actual.
Urracas comunes en el Parque Nacional Calilegua
(Fotografía de propio registro)
La historia institucional de las armas provinciales comenzó poco después de que el territorio proclamara su autonomía, situándose el origen heráldico en tres sellos de plata que el gobierno provincial mandó a acuñar en la ciudad de Potosí en el año 1834, los cuales comenzaron a utilizarse oficialmente a partir del 15 de agosto de 1835 para reemplazar las antiguas identificaciones de Salta. Con anterioridad a estos hechos, durante el dominio hispano y tras la Revolución de Mayo, la región dependió de los blasones del monarca y posteriormente del sello de la Asamblea General Constituyente de 1813 junto al escudo de la Intendencia de Salta. A mediados del siglo XX, el Poder Ejecutivo mediante el Decreto N.º 3.512-G del 25 de agosto de 1959 conformó una comisión investigadora ad honorem para determinar un diseño definitivo basado en los antecedentes históricos. Finalmente, el escudo fue institucionalizado por medio de la Ley provincial N.º 2.543 del 28 de julio de 1960, norma que fijó legalmente los componentes del blasón para la vida orgánica de la jurisdicción.

Cerro de los Siete Colores - Purmamarca
(Fotografía de propio registro)
El escudo tiene forma de broquel normando con dos espiras superiores que dan lugar a la formación de dos cisuras o escotaduras, presentando una proporción singular donde el ancho es mayor con respecto al alto, lo que lo convierte en el único diseño con esta disposición geométrica entre todos los emblemas provinciales de Argentina. Su campo heráldico está cortado horizontalmente en dos cuarteles: azur-celeste el superior y plata el inferior. Trae en el segundo cuartel, movientes de los cantones diestro y siniestro de la punta, dos antebrazos humanos de carnación que estrechan sus manos diestras en el centro, sosteniendo una pica con asta de madera de su color que alza en el centro del jefe un gorro de la libertad de gules, el cual se encuentra doblado en la base con la punta caída hacia la diestra. Cada una de las espiras superiores del cuartel de azur está cargada con un emblema rosáceo de cuatro pétalos. En los ornamentos exteriores, el timbre muestra sobre el borde superior un sol naciente, figurado, de oro, compuesto por veintiún rayos alternados entre once rectos y diez flamígeros. Completa la ornamentación una corona abierta en la parte superior formada por dos ramos de laureles de sinople organizados por cuatro cuádruples, un doble y un simple final, los cuales están frutados de gules, cruzados en la zona inferior y unidos por un moño simple de cinta con la disposición cromática azur-celeste, plata y azur-celeste.

Salinas Grandes
(Fotografía de propio registro)
El simbolismo del escudo de armas adopta y reinterpreta los elementos fundamentales de la iconografía nacional bajo la siguiente organización: Contiene los símbolos esenciales del escudo nacional mediante las dos manos entrelazadas que representan la fraternidad indivisible entre los pueblos y el gorro frigio sostenido sobre la pica como el símbolo universal de la libertad lograda. Las dos ramas de laurel entrelazadas en su parte inferior por la cinta azul y blanca representan de manera directa la paz duradera que debe reinar en el pueblo argentino. El sol naciente alude al nacimiento de la nueva provincia ante la confraternidad de las restantes jurisdicciones del país, marcando el surgimiento de su autonomía política luego de la definitiva separación de la provincia de Salta. Las flores rosadas contenidas en las espiras superiores guardan un significado interpretativo particular, constituyendo posibles referencias históricas a los triunfos patriotas en las batallas de Tucumán y de Salta durante las guerras de la Independencia, o bien a las antiguas virtudes honoríficas de ciudad “muy leal y constante” con que los reyes de España distinguían a Jujuy en la época virreinal, aun cuando no se disponga de documentación oficial que certifique estas hipótesis.

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